Manifiesto

Los participantes del Congreso Internacional sobre la Acción Católica, provenientes de más de cincuenta países de Africa, America, Asia y Europa, laicos, sacerdotes y obispos, renovamos nuestro deseo de que la Acción Católica sea en las Iglesias de cada país, expresión madura y conciente de un laicado capaz de vivir la esplendida aventura de conjugar cotidianamente la fe y la vida.

1. UNA HISTORIA DE LAICOS LIBRES Y RESPONSABLES

A lo largo de su historia, la Acción Católica ha contribuido a formar laicos cristianos, concientes de su vocación, dispuestos a asumir sus propias responsabilidades en la vida de la Iglesia y a construir con la levadura del Evangelio, junto a cada hombre y mujer de buena voluntad, la civilización del amor.

Haciendo memoria agradecida de las luces y sombras de esta historia, sentimos la responsabilidad de acogerla en toda su fecundidad y de actualizarla para responder al tiempo de hoy.

2. UN DON PRECIOSO PARA LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO

Con humildad e intima alegría, reconocemos la riqueza del carisma que ha dado origen y anima a la Acción Católica:

Ser laicos comprometidos en la vida de la Iglesia, y en la totalidad de su mision;
en estrecha relación con los pastores, al servicio de la comunion eclesial, vivida en cada Iglesia particular y en cada comunidad parroquial.

Ser cristianos laicos, que aman la vida y comparten con toda la humanidad, el compromiso de trabajar para que sea reconocida la dignidad de cada persona. Hombres y mujeres que viven, fuertemente enraizados en su tierra, en su comunidad, en su ciudad.

Niños, jovenes y adultos que quieren asumir en comunidad estos compromisos, como testimonio de una fraternidad que se hace realidad para todos.

Este carisma hace de la Acción Católica una forma singular de apostolado seglar que, reconocido por la Jerarquia, adquiere distintas fomas y denominaciones en cada lugar.

3. UN PROYECTO DE VIDA

Concientes de nuestra vocación bautismal, alentados por el testimonio de los beatos Pina Suriano, Alberto Marvelli y Pere Tarrés y tantos otros testigos cuya veneracion renovamos hoy en Loreto, asumimos los desafios señalados por su Santidad Juan Pablo II en su mensaje a este Congreso. Queremos seguir siendo: “...laboratorio de formación de los fieles que iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia, se empenan decididamente en la defensa del don sagrado de la vida, en la salvaguarda de la dignidad de la persona humana, en la realización de la libertad educativa, en la promoción del verdadero significado del matrimonio y la familia, en el ejercicio de la caridad hacia los mas pobres, en la busqueda de la paz y de la justicia y en la aplicacion de los principios de subsidiariedad y de solidaridad de la diversa realidad social”.


Al terminar este Congreso, convencidos - como ha insistido el Santo Padre - de que la Iglesia necesita de la Acción Católica, confirmamos nuestro compromiso de hacer nuestras asociaciones cada vez más vivas; de hacerlas surgir en los países donde todavía no existe y de estrechar más fuertemente las relaciones que nos unen.
A Maria, Madre de la Iglesia e Nuestra Sra de Loreto confiamos estos compromisos.

Congreso Internacional sobre l'Acción Católica
Roma-Loreto, 31 de agosto / 5 de septiembre 2004

Duc in altum Acción Católica, TEN EL CORAJE DEL FUTURO!