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1. El Concilio Vaticano II prepara el Gran Jubileo
1.1 - La celebración del Gran Jubileo de la Redención, según la visión de Juan Pablo II, ha sido preparada por la divina Providencia a través de una serie de acontecimientos, que han entretejido la historia de la Iglesia en estos últimos decenios. "En ésta perspectiva se puede afirmar que el Concilio Vaticano II constituye un evento providencial, a través de la cual la Iglesia a puesto en marcha la preparación próxima al Jubileo del segundo Milenio. Se trata de hecho de un Concilio similar a los precedentes, no obstante un tanto diferente; un Concilio concentrado en el misterio de Cristo y de su Iglesia y juntos abiertos al mundo". (TMA 18)
En la realización del Concilio y en la fase de aplicación del Magisterio Conciliar, el ministerio de los "Pontífices ligados a la Asamblea Conciliar", de Juan XXIII a Juan Pablo II, "ha ciertamente producido una contribución significativa a la preparación de la nueva primavera cristiana que deberá ser revelada en el gran Jubileo, los cristianos serán dóciles a la Acción del Espíritu Santo"(id).
1.2 - ¿Qué cosa ha hecho la Iglesia del Concilio?
- Ha indicado a todos los hombres de buena voluntad que Jesucristo es el Salvador del mundo;
- Se ha interrogado sobre la propia identidad de Cuerpo de Cristo y de esposa de Cristo;
- Ha reafirmado la universal vocación a la santidad;
- Ha realizado la reforma de la liturgia;
- "Se ha empeñado por la formación de las distintas vocaciones cristianas, de los laicos a los religiosos, del ministerio de los diáconos a los sacerdotes y obispos";
- Ha descubierto la colegialidad episcopal;
- "Sobre la base de esta profunda renovación, el Concilio se ha abierto a los cristianos de las otras Confesiones, a los adherentes de otras religiones, a todos los hombres de nuestro tiempo";
- Ha hablado con claridad de la unidad de los cristianos, "del diálogo con los religiosos no cristianos, del significado específico de la Antigua Alianza y de Israel, del principio de la libertad religiosa, de las diversas tradiciones culturales en medio de las cuales la Iglesia desarrolla su mandato misionero, de los medios de comunicación social" (TMA 19).
1.3 - El rostro de una Iglesia que ama al mundo
El magisterio conciliar ha querido lanzar un puente entre la humanidad entera en nombre del Amor de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros y para nuestra salvación. Ha hablado con el lenguaje del Evangelio y ha presentado a los hombres a Dios en su Absoluta Señoría sobre todas las cosas, pero también como garantía de la autonomía de la realidad temporal. Por este motivo la celebración del Jubileo deberá expresarse "en el renovado empeño de aplicación de la enseñanza del Vaticano II a la vida de cada uno y de todo la Iglesia" (TMA 20).
2. Los Sínodos y el Jubileo
2.1 - Los sínodos de la Iglesia en el camino de la Nueva Evangelización
El nuevo Jubileo ha sido intensamente preparado a través de la celebración de los sínodos de nuestra Iglesia, en particular de los sínodos generales y continentales. La Exhortación apostólica Iglesia en Africa está íntegramente orientada hacia este año 2000. A través de las asambleas sinodales la Iglesia ha adquirido una nueva conciencia de la misión evangelizadora recibida de Cristo y ha puesto en significativa evidencia, como ya había hecho el Concilio, la importancia de las diversas vocaciones en la Iglesia como resulta de la Exhortación Apostólica Postsinodal Christifideles laici, en lo que se refiere a la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia.
2.2 - El seminario del FIAC en el año Jubilar
El primer seminario del FIAC en África se pone en esta perspectiva jubilar. Es un seminario de estudio, es decir un lugar de escucha y de confrontación. Siguiendo la invitación del Santo Padre, queremos acoger el mensaje del Concilio sobre la mision de la Iglesia, sobre la vocación y la formación de los laicos, sobre los laicos de la Acción Católica. Deseamos recoger con veneración lo que Espíritu Santo, a través de la obra de sus pastores y de los fieles ha actuado en esta Iglesia en el campo de la formación del laicado, a fin de que a través del intercambio de dones se construya la Iglesia en el mundo contemporáneo. Por este motivo es preciosa la palabra de todos los presentes, comenzando por de lo que nos querrán decir nuestros obispos. A mí me toca la tarea de esbozar rápidamente algunas líneas del magisterio, sin ninguna pretensión de cientificismo y de exhaustividad, con el único intento de ofrecer algunas orientaciones útiles para nuestro trabajo.
3. La enseñanza del Vaticano II
3.1 - El Magisterio Conciliar: la Iglesia, Pueblo de Dios
Durante el Concilio la Iglesia reflexiona sobre sí misma y sobre su misterio. No se trata de un replegamiento sobre ella misma sino de una apertura a Cristo Jefe de la Iglesia, del reconocimiento del primado de la acción del Espíritu Santo en la evangelización, de la acogida de la llamada de Dios a quien "Ha gustado de santificar y salvar los hombres no separadamente y sin algún vínculo entre ellos, ha querido constituirlos en un pueblo que lo reconoce en la verdad y lo sirve en la santidad" (LG 9). Este pueblo es llamado "sacerdotal" porque todos los discípulos de Jesús son llamados a ofrecerse a sí mismos como sacrificio agradable a Dios. El sacerdocio ministerial o jerárquico, fundado sobre orden sagrado, difiere de aquel común, fundado sobre el bautismo, "en esencia y no solamente en orden y grado" (LG 10), ambos participan, del único sacerdocio de Cristo y son ordenados el uno al otro. La Iglesia, en su unidad y universalidad, llega a ser imagen de la comunión Trinitaria y el reflejo, sobre la tierra, del mismo Amor trinitario.
3.2 - La Iglesia comunión
El pueblo de Dios se presenta así como "Communio fidelium", comunión de los fieles entorno al Cristo Salvador. A través de la colegialidad episcopal y la comunión de los obispos con el Papa, actúa como "comunión de Iglesia-communio ecclesiarum": no una federación de Iglesias, sino la única Iglesia de Dios esparcida en todo el mundo. Realiza su unidad y su universalidad a través del ministerio de Pedro y se vuelve vecina de los hombres y de las mujeres de cada tiempo y de cada lugar a través de la constitución de la Iglesia local "porción del pueblo de Dios confiada al cuidado pastoral de un obispo ayudado por el presbiterio" (ChD 11).
3.3 - La Iglesia local y la misión de los laicos
El obispo es el signo de la presencia de Cristo Pastor en la Iglesia local; a él le es confiada "la cura de la iglesia particular" (id), la cual, sin embargo, "no está realmente constituida y no es signo perfecto de la presencia de Cristo entre los hombres, si a la jerarquía no se afinca y colabora un laicado auténtico" (AdG 21). A toda la Iglesia, a los pastores según su ministerio, el Concilio recomienda la formación de los laicos a fin que puedan responder con generosidad a su vocación y, así, ofrecer la contribución, que le es propia, a la misión de la Iglesia. Ellos, de hecho, pertenecen al pueblo de Dios y a la sociedad civil, a la nación en la cual han nacido; ellos son los nudos del tejido social, pero pertenecen también a Cristo y a la Iglesia y pueden llevar la presencia del Señor a los lugares de la vida y de la existencia de los hombres.
4. La Acción Católica de nuestros tiempos
4.1. - La Acción Católica del Vaticano II
La Acción Católica, como asociación de laicos cristianos, es designada de un modo explícito en los textos conciliares.(ChD 17, AA 20, AdG 16) "como uno de los ministerios necesarios para la plantación de la Iglesia y para el desarrollo de la comunidad cristiana"(AdG 16). El Concilio distingue bien la forma histórica de Acción Católica y los varios modos en los cuales ella es llamada en la iglesia local, de la esencia de este particular carisma y ministerio laical. La esencia es descripta en el número 20 del decreto sobre el Apostolado de los Laicos a través de cuatro notas características.
4.2 - Las cuatro "notas" El Concilio no dicta la forma organizativa pero indica la estructura vital de la Acción Católica.
a. EI fin apostólico: es la finalidad a alcanzar y el primer rasgo que diseña la fisonomía de la Asociación; estos laicos desean ofrecer su contribución para "la evangelización y la santificación de los hombres y la formación cristiana de su conciencia, de modo que se impregnen de espíritu evangélico las distintas comunidades y ambientes".
b. La responsabilidad de los laicos en la colaboración con la jerarquía: el fin apostólico tiene como consecuencia la colaboración con la jerarquía en cuanto los pastores son los guías de la Iglesia. Los laicos de Acción Católica asumen la tarea de ofrecer en esta colaboración "su experiencia y su responsabilidad en dirigir tales organizaciones, en el ponderar las condiciones en donde se debe ejercitar la acción pastoral de la Iglesia, y en la elaboración y ejecución del plan de actividad." La presencia de los laicos de Acción Católica junto a la jerarquía es vista por el Concilio como una riqueza no solo operativa sino también sapiencial, en cuanto al Concilio apela a su "experiencia".
c. Laicos asociados: las dos "notas" antes indicadas pueden actuar en la Iglesia en varios modos, los laicos de Acción Católica eligen obrar no singularmente "sino a modo de cuerpo orgánico" de modo de expresar mejor el misterio de la Iglesia comunión y ser más incisivos en la formación y en el apostolado.
d. La dirección superior de la jerarquía: la cuarta nota y la lógica consecuencia de las otras. El misterio de la Iglesia se manifiesta en su unidad; su misión es fruto de la comunión. No puede existir una misión que no provenga de la comunión con el Pastor de la Iglesia local, no puede existir la Acción Católica sin el reconocimiento efectivo de la dirección superior de la jerarquía. Para la Acción Católica este modo de colaboración con la jerarquía establece su misma identidad y no solamente la meta a alcanzar, como ocurre con los movimientos, según las cualificadas indicaciones eclesiales de Juan Pablo II en la gran reunión de Pentecostés 98.
Las cuatro "notas" juntas constituyen el don que el Espíritu Santo ha hecho a la Iglesia en estos laicos asociados y el particular ministerio que ellos ofrecen a la "plantatio eclesial". No se trata, de afirmar el monopolio de un rol en la Iglesia pero sí de descubrir la preciosura de un don del Espíritu, junto a las tantos dones con cuales a través de los movimientos eclesiales y otras formas de asociación de los fieles, el Señor ha querido manifestar a la Iglesia del Concilio la riqueza de su misericordia. Sería interesante en este punto ver cómo la Acción Católica manifiesta su peculiaridad en la actuación de los "criterios de eclesialidad" reportados en el n. 30 de la Christifideles laicis (cf CFL 30 y 31)
Me limitaré a señalar algunos elementos de especificidad que ponen en mayor evidencia también la diferencia entre los dones llevados a la Iglesia por los movimientos y el carisma de la Acción Católica:
- si bien existen los fundadores históricos de la AC en las distintas naciones, la AC no tiene un jefe carismático que ejercite una fuerza convocante; la fuerza convocante proviene del carisma y de la misión de la Iglesia local.
- La colaboración con la jerarquía es directa e inmediata.
- La Acción Católica es una asociación de laicos: ellos son los responsables frente a la jerarquía, el rol del sacerdote asistente es fundamental pero no disminuye la responsabilidad de los laicos de ofrecer la propia contribución a la "plantatio eclesiae".
- Como asociación de laicos, la Acción Católica ofrece, junto con los otros, su contribución a la pastoral parroquial y diocesana, pero asume como lugar propio de misión, en nombre de la Iglesia, la animación cristiana y la realidad temporal.
4.3 - Los laicos de A.C.: asociados para la Iglesia local
La pasión por el Evangelio, el amor por la vitalidad de la Iglesia local, el sentir como imprescindible el vínculo con todos los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, según el estilo de la encarnación del Señor, son la fuerza agregada de los laicos de la Acción Católica. Ellos son llamados a ser hoy, junto a los pastores vecinos a los conciudadanos en la ciudad terrestre, humildes ministros, servidores humildes de la comunión con todos los hermanos en la fe y de la misión con todos los hombres. Ellos desean ofrecer energía vivaz y siempre nueva a fin de que nuestras iglesias locales sean auténticas comunidades misionales: signo de la misericordia de Dios y portadores de esperanza verdadera en la historia.
4.4 - ¿Cuál formación para los laicos de Acción Católica?
Los dones de Dios, la Acción Católica entre estos, se acogen con sincera gratitud y con verdadera generosidad. El carisma y el ministerio eclesial implican un adecuado camino de formación cristiana, eclesial y apostólica, personal y comunitaria. Si esto no ocurre estaremos, una vez más frente a la pobreza de palabras altisonantes pero privadas de auténtico valor para la vida de la Iglesia y de la humanidad. Por este motivo es importante detenerse en estos días, sobre la formación de los laicos.
Conclusión: un carisma antiguo y siempre nuevo
En su actuación histórica la Acción Católica puede recordar fundadores más o menos lejanos en el tiempo. Como carisma y ministerio de evangelización, el Concilio lo refiere a la Iglesia de los orígenes. Incluso la Lumen Gentium 33, cuando describe la Acción Católica pero sin nominarla explícitamente, se remonta a los colaboradores de Pablo: " hombres y mujeres que ayudaban al Apóstol en el Evangelio y se fatigaban mucho por el Señor" (cf. Fil 4,3; Rom 16,3 ss).
1º SEMINARIO EN AFRICA - Nairobi, 26/29 de Abril de 2000 Realidad, retos y perspectivas para la formación y la misón de los fieles laicos. La aportación de la Acción Católica - SEREIS MIS TESTIGOS EN AFRICA
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