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Nuestra Señora de Guadalupe, "Madre de América",
que en el Tepeyac y en la persona de Juan Diego quisiste manifestarte como Madre en la alborada de la evangelización de estas tierras americanas,
hoy venimos a conságrate nuestra vidas, nuestras familias, nuestros pueblos, nuestras comunidades eclesiales,
y especialmente nuestra comunión de discípulos misioneros en la Acción Católica.
María, "Modelo de entrega a Dios", al consagrarnos nos comprometemos a imitarte en todo,
en tu respuesta santa al llamado del Espíritu Santo,
en tu fidelidad a la Palabra del Padre Dios,
en tu amor a Jesús como Madre, discípula y colaboradora excelsa de su obra,
en tu vida de familia y trabajo junto a José y a tu divino Hijo,
en tus palabras y silencios,
en tu humildad y generosos servicio,
en tu entrega hasta fusionar el amor de tu corazón con el de tu Hijo junto a la cruz,
en tu perseverancia en la oración con los discípulos.
Junto a ti, María, sentimos un gozo sereno y profundo, una brisa del Espíritu;
al acercarnos a ti, la "llena de gracia", alegre, radiante, contagiando paz y ternura,
al contemplarte en tu inefable experiencia de fe vivida en las cosa pequeñas de cada día,
al verte tan humanamente divina,
nos sentimos arrebatados por Dios.
Cuando te acercaste a Juan Diego, "el más pequeño de tus hijos",
nos diste una señal para que también nosotros, como hijos necesitados, nos refugiemos en el hueco de tu manto.
Por eso nos atrevemos a decir: ¡Te necesitamos!
"Madre de la Iglesia", te pedimos acompañes nuestro caminar de discípulos misioneros hacia una madura comunión eclesial.
Necesitamos tu presencia maternal para hacer de nuestros grupos de militancia de la Acción Católica verdaderas comunidades,
donde vivamos la amistad franca que nace de la unión con Jesús,
la preocupación por las cosas grandes y pequeñas de la vida de cada uno de sus miembros,
el diálogo sincero y la confianza mutua,
la fe madura y la entrega apostólica incondicional.
Te necesitamos para superar nuestros defectos y vencer las tentaciones.
Te necesitamos para aprender de ti a vivir con vigor nuestro cristianismo.
"Madre de la sabiduría", nadie conoció a Dios como Tú. Tu corazón era limpio y por eso recibió en plenitud la palabra de la salvación.
Te consagramos nuestra formación integral, humana, cristiana y misionera.
Intercede por nosotros para que comprendamos y amemos cada día la Verdad que se manifiesta y se hace plena en Jesús, y así también nosotros podamos conocer a Dios y sus planes como Tú lo conociste.
"Reina de los que viven su fe", te entregamos nuestra vida de oración.
Acompaña nuestros corazones orantes en la intimidad personal y en la celebración comunitaria.
Que siempre seamos capaces de llamarte "Madre".
Que nuestro contacto diario contigo y con tu Hijo nos haga crecer en la firmeza de la fe, la serenidad de la esperanza y la osadía del amor.
Que nuestra Misa muestre hasta qué punto en el sacrificio de Cristo nuestra debilidad puede superarse hasta lo imposible, como lo fue para ti la primera "Misa" en el Calvario.
"Reina de los Apóstoles", ayúdanos en nuestra misión evangelizadora.
Que podamos realizarla hermanados y colaborando orgánicamente laicos y pastores para que nuestros pueblos en Cristo tengan Vida.
Que nos atrevamos a transformar con la levadura del Evangelio todos los ambientes y sectores, el mundo que disté a los laicos como el campo natural y propio de su testimonio y anuncio cristiano.
Queremos compartir contigo las angustias y las esperanzas de aquellos a quienes hemos sido enviados por tu hijo.
Te ofrecemos la alegría de los niños a quienes enseñamos a balbucear el nombre de Dios; ayúdanos a ser puros y simples como ellos para contemplar la dicha del Reino de los Cielos.
Te ofrecemos el entusiasmo y el inconformismo de los jóvenes; que con ellos busquemos siempre los auténticos valores de Evangelio y construyamos un mundo más justo y solidario.
Te ofrecemos las inquietudes de nuestros adultos y sus grupos de evangelización; ayúdanos a tener un corazón misericordioso como el Padre es misericordioso.
Te ofrecemos el sufrimiento de los enfermos que visitamos; enséñanos junto a ellos a acompañar a tu Hijo en la Redención del mundo.
María de Guadalupe, contemplando tu presencia evangelizadora en nuestra tierra americana, te pedimos nos enseñes a ser siempre instrumentos fieles de tu Hijo para la salvación del mundo.
"Madre del Amor hermoso",
concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios,
protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
"Ideal de santidad", hoy nos consagramos a ti.
Ponemos en tus manos nuestra libertad; que siempre digamos al Señor un "sí" incondicional, como el tuyo en la Encarnación.
Ponemos en tus manos nuestro corazón; que siempre esté atento a servir como Tú lo hiciste con Isabel.
Ponemos en tus manos nuestra vocación de discípulos misioneros; que siempre estemos atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente los más pobres como Tú lo estuviste en Caná.
María de Guadalupe, nos ponemos totalmente en tus manos. Dinos como a Juan Diego: "No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna, ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?"
Tómanos en tus brazos como a Jesús en Belén. Junto con Él, en el Espíritu Santo conságranos al Padre.
"Reina de todos los santos",
ilumina nuestra esperanza,
peregrina con nosotros hacia el Cielo.
Amén.
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