A los Presbíteros de las Iglesias locales que están en Italia
Sábado 1 de mayo 2010

La Presidencia nacional de la Acción Católica Italiana
Queridísimos,

con sentimientos de gratitud y profunda comunión los encontramos en ocasión del año sacerdotal, para manifestales y renovarles con sencillez la participación de la Acción Católica Italiana a los gozos y a las tristezas que caracterizan vuestro ministerio en el momento histórico actual.

La Asociación, en su rica tradición y en la vida ordinaria, vivió y vive el vínculo entre laicos y presbíteros en una comunión que se nutre de amistad espiritual y que se alimenta en la responsabilidad compartida del servicio a la misión de la Iglesia.

Estos hábitos virtuosos aparecen tanto más necesarios para el futuro de las Iglesias que existen en Italia, para ayudar a los hombres y a las mujeres a amar siempre más al Señor de la historia, para sostener todavía más a los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos a comprender aquel deseo de Dios que caracteriza la vida de cada persona y que hoy asume rasgos muy diversos: de la indiferencia a la inquietud, de la búsqueda profunda al gusto por lo extraordinario, de la presencia valiente a la acción solidaria generosa...

En esta tensión hacia un encuentro siempre más auténtico y profundo con el Evangelio, queremos renovar la disponibilidad de la Acción Católica para hacer de nuestras Iglesias lugares donde el Evangelio da forma a la vida de las personas. Nos parece que éste es el sentido más significativo de la pastoral, que prolonga en el espacio y en el tiempo el anuncio de salvación traído por Jesús: nos estrechamos a nuestros sacerdotes para ser en cada territorio signo de aquella unidad que puede hablar del Evangelio a la gente de hoy, de aquella comunión que es promesa y compromiso para todos y que, en existencias marcadas de la soledad, la desconfianza y de individualismo, conduce a la paz y a la serenidad que cada mujer y cada hombre aspiran.

El tejido cotidiano de la condición de los laicos hoy está solicitado por diversos cambios: la precariedad laboral, el tiempo de vida, aumento de la movilidad, para citar sólo algunos ejemplos inmediatos, modifican también en profundidad las relaciones. En esta óptica, se advierte la necesidad de fortalecer los vínculos vitales entre presbíteros y laicos, en un más de humanidad.

Con ustedes entendemos enriquecer la existencia de nuestras comunidades cristianas, con un estilo que haga experimentar a los hombres y las mujeres de este tiempo la belleza y la ternura del amor de Dios; con ustedes queremos renovar nuestras propuestas, curando relaciones auténticas; con ustedes deseamos proponer experiencias de formación para el cotidiano, que se traduzcan en la recuperación de la popularidad de la fe cristiana. Tenemos necesidad de hacer discernimiento gracias a la dirección espiritual; de ser guiados y motivados a una intensa vida sacramental, con un particular amor por la Eucaristía; de ser ayudados a crecer en la relación fundada con el Señor, de la cual se cuida antetodo con la oración cotidiana. Sostenidos y acompañados por la vuestra experiencia sacerdotal, por lo tanto, queremos permanecer y empeñarnos en las situaciones de la vida que invocan la presencia de nosotros laicos o que requieren nuestra reflexión, con un testimonio creíble y respetuoso del otro; guiados por vuestro ministerio, deseamos ejercitar la simpatía de la comunidad cristiana no sólo reforzando la atención y el diálogo, sino continuar a habitar y sostener evangélicamente siempre más los lugares de la afectividad, de la presencia pública, del dolor...para vivir siempre más auténticamente al servicio de la misión de la Iglesia.

La experiencia que caracteriza la vida de la Acción Católica en relación con los asesores que la Iglesia le dona es en sí un signo de un vínculo más profundo, que es antetodo un vínculo de amor. Nuestro auspicio, que se hace invocación, es que se les devuelva multiplicado el bien que ustedes difunden con fidelidad y creatividad, cada día, donando el cuidado paterno que prepara el mañana.

Con inmensa gratitud y profundo afecto