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Queridos hermanos y hermanas, gracias por vuestro saludo y por vuestro entusiasmo. Quiero comenzar con un llamamiento. En los días pasados la violencia ha vuelto a ensangrentar el Líbano. Es inaceptable que se recorra este camino para sostener las propias razones políticas. Siento una inmensa pena por esa querida población. Sé que muchos libaneses experimentan la tentación de abandonar toda esperanza y se encuentran desorientados por lo que está sucediendo. Hago mías las fuertes palabras pronunciadas por Su Beatitud el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir para denunciar los enfrentamientos fratricidas. Con él y con los demás responsables religiosos invoco la ayuda de Dios para que todos los libaneses, indistintamente, puedan y quieran trabajar juntos a fin de hacer de su patria una verdadera casa común, superando las actitudes egoístas que les impiden preocuparse verdaderamente por su país (cf. Una esperanza nueva para el Líbano, 94). A los cristianos del Líbano les repito la exhortación a ser promotores de un auténtico diálogo entre las diversas comunidades, a la vez que invoco sobre todos la protección de Nuestra Señora del Líbano. Angelus 28.01.2007 |




