Pironio, un ejemplo contemporáneo de santidad sacerdotal
Corrientes, 15 Oct. 2009 (AICA)
Card. Eduardo Pironio, fundador del Instituto Misioneras de Jesucristo Sacerdote

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, puso al cardenal argentino Eduardo Pironio, cuya causa de canonización se encuentra en curso, como un ejemplo contemporáneo de santidad, sobre todo en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

"El desempeño de su notable misión sacerdotal y episcopal está sólidamente sostenido por una innegable y ascendente espiritualidad. El cardenal Pironio se destaca como un hombre de profunda y constante oración, que aflora espontáneamente en su contacto personal. De allí el aprecio que le profesan los sectores diversos de la Iglesia: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos", aseguró en una semblanza con motivo del Año Sacerdotal.

Tras señalar su "reconocida sensibilidad, informada por la gracia, lo acerca a los más humildes y pobres, a los atribulados, a cada persona que se relaciona con él. El trato cordial y amigable es como el distintivo de su personalidad y, no obstante, se manifiesta dotado de una excepcional ecuanimidad", puso el acento en "su espíritu abierto que alienta el abordaje de múltiples y puntuales temas de teología, espiritualidad y pastoral".

El prelado reveló que, en entrevista con él, poco antes de su muerte, el cardenal Pironio le confesó "su dolor por no haber dispuesto del tiempo necesario para escribir sobre algunos temas, diferidos para el tiempo de su retiro como emérito".

Asimismo, destacó su amor y devoción a la Virgen, su deferencia hacia los sacerdotes de toda edad y su "caridad ilimitada" hacia ellos y su aprecio destacable por la vida consagrada, pero sobre todo quiso referirse a las vivencias que hizo el cardenal Pironio de las virtudes cristianas de la fe, la esperanza y la caridad, que hacen a la santidad. Pero también a dos virtudes básicas de su persona: la humildad y la fortaleza.

"Manifiesta su humildad en la gratitud a Dios, que lo elige sintiéndose él - en su modestia - sin merecimientos. También expresa su humilde agradecimiento a quienes han posibilitado que fuera lo que fue: sus padres, hermanos, superiores y amigos, especialmente sus amados pontífices Pablo VI y Juan Pablo II. Su excepcional capacidad de diálogo con todos tiene su origen, sin duda, en la práctica secreta y silenciosa de la humildad. Las circunstancias difíciles, hasta dramáticas, que jalonan su rico y extenso ministerio, lo encuentran entero espiritual y psíquicamente. Goza de la fortaleza del que se siente necesitado de Dios y confía absolutamente en Él. No se habla con él de algunos temas que puedan dar motivo a una desmedida interpretación de acontecimientos públicos y desafortunados. Ante lo inexplicable del comportamiento de algunos protagonistas, guarda un discreto silencio. La enfermedad que lo aqueja, cuya naturaleza grave conoce desde sus orígenes, no le hace perder su cordialidad y dinamismo. Guarda un heroico silencio", detalló.

Por último, monseñor Castagna sostuvo que "es preciso conservar de este buen Pastor de la Iglesia argentina la sustancia de su mensaje. Se constituye en un testimonio fuerte de que el Misterio de la Pascua de Cristo suscita santos sacerdotes en quienes se dejan trabajar interiormente por su Espíritu".

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